“Van a seguir teniendo frío”, o el paso de la educación ejemplar al modelo de barbarie

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La frase no es casual ni antojadiza. Es la resultante de la desesperación y el hartazgo del Estado frente a la desidia de la gente.

La consejera escolar Sofía Badie fue la autora de la expresión, esta mañana, en una entrevista radial por la FM 99.9 de Mar del Plata donde describió con lujos y detalles todo el trabajo desplegado desde ese cuerpo –el Consejo Escolar- para que las escuelas marplatenses estén en condiciones de infraestructura óptimas durante el invierno.

Pero señaló la situación de uno de los colegios, a los que de colocó en la calificación de estar en “una zona sensible” donde indicó que a menos de una semana de repuesto el sistema de calefacción, los alumnos ya los vandalizaron, generando destrozos e interrumpiendo el funcionamiento.

“No podemos estar todo el tiempo reparando lo mismo. Si no lo valoran, ya le he dicho al director del establecimiento que no lo podemos volver a reparar. Van a seguir teniendo frío”, comentó la consejera con tono de desilusión y cansancio, por una realidad a la que nunca se alcanza a poner en orden y siempre se la corre desde atrás.

Duele pero es real. Los alumnos no pueden frenar el ataque contra lo que es público. No se dan cuenta que mientras rompen los bienes del Estado, perjudican al resto de sus compañeros y se perjudican ellos mismo.

La incontrastable verdad demuestra la carencia de cultura y educación por la que estamos pasando los argentinos. Tres décadas de decadencia educativa, donde se deterioró la disciplina y la enseñanza de valores. Donde lo importante para los gobiernos desde Eduardo Duhalde hasta Daniel Scioli, gobernadores bonaerenses, era disimular la falta de calidad en la enseñanza, se ordenaba a los maestros que no hicieran repetir a los alumnos y se eliminaba el sistema de premios y castigos que eran las amonestaciones y partes disciplinarios, por entender que eran medidas estigmatizantes y autoritarias.

Pero no son los únicos responsables. También los maestros y directivos –educadores al fin- tienen parte de la culpa, porque no se pusieron de pie frente a esas directrices que bajaban desde la Dirección General de Escuelas. No hicieron frente al empobrecimiento cultural que esos gobiernos diseñaban, llevando a los pibes a una situación de cuasi barbarie posmoderna. Los mismos que hoy se quejan del frío o de que no les alcanza con un salario docente y peticionan con razón y mucha fuerza, fueron cómplices con su silencio mientras todo aquello sucedía en las escuelas de la provincia de Buenos Aires.

Flaco favor les han hecho los Duhalde, Carlos Ruckauf, Felipe Solá y Scioli a los bonaerenses. Hoy las muestras están a la vista: esos pibes rompen y no entienden el efecto que generan porque en sus casas, sus padres no recibieron la formación que durante dos siglos caracterizó y distinguió a la Argentina del resto de Latinoamérica, por lo tanto no tienen nada positivo para transmitir en cuanto al cuidado de lo público. Bien dicen que lo que natura non da, Salamanca non presta.