Negacionismo histórico, el verdadero riesgo país, y las patas de la mentira albertista

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Se trata de un indicador que refleja expectativas. Como su denominación mundana lo indica, mide riesgo de algo por pasar. Como si fuera un pronosticador. ¿Puede fallar en las predicciones? Por supuesto. Pero de todas maneras nunca pierde. Porque sirve para calcular tasa de interés a cobrar en caso de que alguien preste dinero a un país en situación de crisis. Ergo, nuestra Argentina.

Cuando los dirigentes de la oposición, el candidato a presidente del kirchnerismo Alberto Fernández, entre otros, dicen que el reflejo en casi dos mil puntos para ayer es el reflejo de lo que los mercados desconfían del Gobierno de Mauricio Macri, mienten. Porque el reflejo de ayer no es otra cosa que la incertidumbre que tienen los acreedores al posible triunfo de una organización política que en el futuro defolteó la deuda que mantenía la Argentina con el mundo. Hay que repasar el discurso de Adolfo Rodríguez Saa a finales de 2001 con los legisladores peronistas aplaudiendo cuando dijo “no vamos a pagar la deuda”. Y también las expresiones de Néstor Kirchner en la ONU cuando criticaba al FMI ante el bureau del mundo y se mofaba de aquellos banqueros que habían puesto el dinero en varias oportunidades en la Argentina.

El negacionismo histórico de una parte de la dirigencia nacional no hace más que aumentar la aversión al riesgo que sienten quienes entienden a las cosas como normales. Por ejemplo, que un país que recibe asistencia financiera deba devolver el dinero recibido tal como está pactado.

Nuestro gran problema es que, siempre, cambiamos las reglas de juego. Para adentro y para afuera. Eso constituye a la Argentina en un país para nada confiable. Porque, definitivamente, el riesgo no es el indicador. Tampoco la deuda. El verdadero riesgo que anticipan los mercados es el argentinismo en su máxima expresión de soberbia.