El fin de las PASO, germen de destrucción, y la operación para condicionar el poder del Presidente

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Está claro que las PASO sin contendientes dentro de una misma fuerza no tienen mayor sentido. Por eso, en el futuro habrá que determinar qué grado de validez tiene sostener un sistema como el vigente, que genera pérdida de recursos para el Estado y, encima, conspira contra la estabilidad de la democracia.

Hace 72 horas los argentinos iban a las urnas para cumplir, desde lo formal, con una propuesta que estaba vacía de contenido: ninguna de las fuerzas que se presentaron llevaban más de una lista. No hubo internas. Por lo tanto, la premisa de dirimir pretensiones dentro de un mismo espacio político no estaba presente en el proceso. Las PASO no eran una primaria, porque no había competencia alguna. Eran otra cosa.

Sin embargo, el daño realizado a la institucionalidad por el debilitamiento al Gobierno que arrojó el resultado del domingo fue mayor que el que pudo haberse generado si, al momento del cierre de las listas, se advertía que por falta de contendientes no era necesario el despliegue electoral de 4.000 millones de pesos que salieron de las arcas para un proceso dañino como el reciente.

Cuando el ex presidente Néstor Kirchner implementó este diseño lo hizo pensando en resolver con fondos del Estado un dilema que tenía el peronismo: sus elecciones internas, que eran una sangría que dejaba heridos por todos lados, provocaba inmensos gastos en estructura de movilización partidocrática y alimentaba un sistema perverso de punteros que se vendían al mejor postor para llevar votantes de un lado a otro en pos de dinero a cambio de sufragios.

No le pudo haber salido mejor. El acoso a la estabilidad democrática de hoy lo paga el mismo Estado. Porque a falta de disputa interna dentro del oficialismo, la medición quedó entre el principal candidato de la oposición y el Presidente. Y sabido es que esa es una medición desigual, porque luego de 4 años de gestión y desgaste que implica el conducir en tiempos de crisis, el que se ponga en frente siempre estará en mejores condiciones que el que gobierna. Aun cuando el aparato del Estado estuviera a favor del que maneja los hilos.

La gravedad institucional que ha dejado el propio sistema electoral nos debería llevar a repensar aquella frase de que “el sistema encarna el propio germen para su destrucción”, y ver si no estamos en presencia de una situación de ese estilo. Porque estas PASO han actuado como el germen de la destrucción de una democracia aun tambaleante como la que estamos viendo hoy en día. Aunque no haya amenaza de alzamiento militar como ocurría en décadas pasadas, lo que hay es una operación de acoso y derribo en desarrollo, por la que se busca condicionar hasta la dimisión al último presidente elegido democráticamente y de manera libre por los argentinos durante 2015.

Quien quiera ver que vea. Quien quiera oír que oiga. Los hechos están ahí para que todos puedan sacar sus propias conclusiones. Mirar para otro lado, tapar los oídos y hacerse los desentendidos diciendo “a mí no me importa” no hace más que conspirar contra el país mismo. Y contra los argentinos en toda su dimensión.