Estados Unidos: “la política monetaria en la guerra comercial”

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Por Daniel Kampel – Finalmente, la FED cedió a las presiones y redujo la tasa de interés en 25 puntos básicos, tal como le reclamaban los principales actores de la economía.

En efecto, a lo largo de las últimas semanas, tanto el presidente Donald J. Trump como los voceros más compenetrados con las ideas y los intereses del mercado financiero habían unificado su mensaje alrededor de la necesidad de una política monetaria más laxa y lograron –en una dosis limitada- su cometido.
Poco convencida por una economía que exhibe un desempeño aceptable, la Reserva Federal adoptó en su última reunión –sin mucho entusiasmo- ese mismo discurso, y llevó la tasa de referencia a 2.25%. El movimiento hacia la baja fue seguidamente justificado, no tanto en base a evidencia empírica relevante, sino ponderando en mayor medida la evaluación (subjetiva) que la Autoridad monetaria realiza respecto de los riesgos latentes que enfrenta actualmente la economía norteamericana, los que podrían estar afectando la dinámica de la inversión (entre ellos, la guerra comercial que la primera potencia mantiene con China y otros socios comerciales y el menor ritmo de crecimiento global).
Efectivamente, no abundaban otro tipo de argumentos, ya que no se habían registrados cambios sustanciales en las condiciones económicas coyunturales desde la reunión previa del Comité. De hecho, apenas pocos días antes el Bureau of Economic Analysis del departamento de comercio había difundido las cifras oficiales relativas a la evolución de la actividad económica del segundo trimestre del corriente año.
Las estimaciones preliminares indicaban un crecimiento del 2.1% anual, muy en línea con la tasa de crecimiento tendencial de la economía observada con posterioridad a la Crisis Financiera Global de 2008. Cabe recordar que el crecimiento observado en los primeros tres meses del año había alcanzado al 3.1%, a la vez que el nowcast de la Reserva Federal regional de Atlanta predice actualmente una tasa de 2.2% para la tercera parte del año. De esta manera, el ciclo expansivo más prolongado de economía americana (desde que se cuenta con registros de las cuentas nacionales!) continúa extendiéndose temporalmente, si bien exhibiendo cierta desaceleración .
El gasto en consumo, que representa un 69% del PIB, volvió a repuntar (los gastos de consumo personal aumentaron 4.3% en el segundo trimestre) luego de la baja observada a fines de 2018 y principios de 2019. En cambio, otros componentes del producto, como la inversión, mostraron en este período una evolución menos favorable. La inversión interna privada bruta cayó un 5,5% en el período abril-junio, empujada tanto por la disminución de la inversión residencial como por una menor inversión no-residencial.
Si bien no es posible extraer conclusiones definitivas, dada la volatilidad de la serie y la característica preliminar de la estimación, pareciera que el mayor nivel de incertidumbre, proveniente de la Guerra Comercial (y, sobre todo, la forma que ha adoptado el proceso de toma de decisiones por parte de la administración) diluye –en cierta forma- los incentivos provenientes de la reforma fiscal de 2017.
El pilar de esta reforma –como explicamos en informes anteriores- estaba conformado por reducciones impositivas que favorecieron sobre todo a las corporaciones. Sin embargo, a casi dos años de sancionada la misma, la participación de la inversión no-residencial en el producto se ha mantenido en niveles similares (13.6%) a los existentes en el período previo a la adopción de la medida (13.2). Estos resultados están ciertamente por debajo de las expectativas que, en su momento, dejaron trascender sus proponentes.
Por su parte, los datos de empleo continúan exhibiendo una tendencia muy favorable, con el desempleo exhibiendo registros históricamente bajos: 3.7% durante el pasado mes de Julio. El subempleo involuntario también exhibe una tendencia declinante, y su nivel actual todavía es levemente por encima al promedio registrado en el año previo a la crisis financiera global.
El panorama optimista del mercado laboral se opaca parcialmente al observar la evolución del desempleo de largo plazo (más de 26 semanas): tras la recesión de 2008 este grupo de individuos pasó a constituir una fracción relevante de las personas desempleados, y se mantiene actualmente en el 19% de los mismos. La actual situación del mercado, llamativamente, no se ha traducido en presiones alcistas sobre los salarios. La globalización de la producción, la creación de empleo de baja calidad, la automatización de las tareas, y la declinación del poder de los sindicatos (o una combinación de todos esos factores) han sido relacionadas en distintas oportunidades y por distintos analistas con el hecho que no haya presión sobre los salarios pese a la baja en el desempleo, sin que hasta ahora se haya construido un consenso al respecto.

Conclusión
En este contexto, la inflación core (excluyendo los gastos en comida y energía) en Estados Unidos, medida por el índice PCE, ha permanecida baja y estable, incluso por debajo del 2% anual fijado como objetivo por la Reserva Federal. Esto no resulta una novedad: ha sido así durante los últimos 5 años. Jay Powell, actual presidente de la entidad, había argumentado que la baja inflación puede ser estructural y persistente pero que –aún así- la autoridad monetaria se encontraba alerta para reducir la tasa de interés ante la primera señal de debilidad económica.
Como se ha señalado hasta aquí, esa señal no provino de la recolección de datos duros de la economía sino de los juicios de valor respecto a los potenciales riesgos elaborados por sus funcionarios. Así, la Reserva Federal optó por abandonar el proceso de normalización de la política monetaria que había iniciado meses antes y comenzar un proceso de reducción de la tasa de interés. En el mercado financiero, apuestan por nuevas bajas tanto en los meses venideros como durante el próximo año (electoral), aún cuando ello implique menos espacio de política monetaria (convencional) si el largo ciclo de expansión llega a su fin dando lugar a una nueva recesión en el futuro cercano.
Demás esta decir que en esta nueva etapa, la política monetaria será más arte que ciencia.

  • COLUMNISTA INVITADO – Daniel Kampel
    Econométrica S.A.