¿Qué piensan del otro lado del Atlántico sobre el acuerdo MERCOSUR-UE?

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El acuerdo entre el MERCOSUR y la Unión Europea tiene, también, una mirada desde el viejo continente hacia la región. En este caso, los industriales europeos están más que entusiasmados, no así los productores agropecuarios.
¿Qué entusiasma a los fabricantes? La posibilidad de empezar a contabilizar un mercado que, hasta ahora, estaba fuertemente cerrado y protegido de la entrada de productos terminados. Ya sea con barreras como altos aranceles a la importación.
La contracara es la de los agropecuarios de Europa. En esa línea, tanto los productores ganaderos como los vinculadas a la actividad extractiva de la agricultura plantean sus reparos ante la posible entrada de productos de nuestra región.
Dijimos siempre, desde EL GUARDIAN MDP, que el acuerdo era más favorable a los países del MERCOSUR que a la inversa. Y esta visión de los europeos acerca de la relación de intercambio confirma aquello que nos planteábamos editorialmente.

La mirada desde Europa
Según resalta el diario español El País, el abrazo europeo a Mercosur es celebrado sobre todo por fabricantes de bienes industriales, automóviles, maquinaria, textil y calzado: casi 10.000 empresas españolas, que emplean a 40.000 personas, comercian con este bloque. Y lo lamentan agricultores, ganaderos y ecologistas. “Nuestro sector queda claramente tocado”, dice Ignacio López, de la asociación agraria Asaja, que señala a los productores de frutas y hortalizas, los de carne de vaca y ave, azúcar, etanol, arroz y miel como los grandes damnificados. Son las dos caras de un acuerdo complejísimo del que aún no se conocen todos los flecos ni cuándo entrará en vigor en su totalidad.
La Comisión Europea anunció a bombo y platillo el pasado 28 de junio que, tras más de 20 años de negociaciones intermitentes, por fin había cerrado un acuerdo político para estrechar los lazos entre las dos áreas, que en 2018 arrojaron un saldo comercial de 2.857 millones de euros favorable a Mercosur. No se trata solo de una impresionante rebaja arancelaria que a lo largo de la próxima década acabará con los impuestos del 91% de los bienes que la UE exporta a Mercosur. También abrirá los mercados a las constructoras que quieran presentarse a los concursos públicos, igualará estándares de calidad en alimentos y establecerá requisitos medioambientales a ambos lados del Atlántico.
Para su entrada en vigor se abre ahora un largo periodo que concluirá con la ratificación del texto por el Parlamento Europeo, probablemente a finales de 2020. Pero la comercial es solo una de las tres patas del más amplio Acuerdo de Asociación, que incluirá además diálogo político y cooperación, que afectará, entre otras, a las normas de inmigración, economía digital y derechos humanos. Para la entrada en vigor de estos dos pilares será necesaria la ratificación parlamentaria de todos los Estados.
Pero, ¿por qué justo ahora se culmina ahora una alianza que había empezado a fraguarse a finales del siglo pasado? “Coincide que, por primera vez en todo este tiempo, el acuerdo interesaba a la vez tanto a Mercosur como a la UE. Hasta ahora, ni Francia ni Irlanda estaban dispuestas a liberalizar el sector agrícola ante gigantes como Brasil o Argentina”, responde José Luis Káiser, director general de Política Comercial. A los factores económicos se une además el vector geopolítico. La escalada proteccionista protagonizado por el Estados Unidos de Donald Trump, así como su amenaza de bloqueo a la OMC, ha propiciado el acelerón europeo en la negociación de sus propios acuerdos comerciales.