El heredero del trono

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Novak Djokovic se impuso al suizo Roger Federer en la final de Wimbledon. No fue cualquier final. Si la del 2008 en la que Rafa Nadal venció a Roger era, hasta hoy, el mejor partido de la historia. Este lo superó.
A casi 38 años, Federer vendió cara la derrota. Fue la final más larga de la historia -por tiempo, superando aquella del 2008- y requirió del máximo esfuerzo de Djokovic, que estuvo dos match point abajo y puso sobreponerse porque el propio suizo no fue eficiente en el cierre.
Si hasta aquí no hemos dicho el score final es porque, aunque no lo parezca, en orden de importancia no era lo más destacado. Aun así hay que consignarlo: 7-6, 1-6, 7-6, 4-6 y 13-12.
Y se estrenó, también, el nuevo sistema de definición en el último set donde todo se termina en un tie break al game 25. Sin embargo hay que resaltar algo: la suma de esos 25 games es el equivalente a jugar dos set de tie break enteros en cualquier otra circunstancia, lo que habla de la paridad de estos dos gigantes del tenis mundial.
Para resaltar, la cantidad de aces que tuvo Federer, que fueron 25. Como la contundencia del tramo final de Djokovic que no se equivocó en ninguna parte del tie break final, aprovechando el handicap que entregó el ex número uno del mundo.
Las palabras finales nos generan mucha expectativas a futuro. Federer destacó haber llegado a la final a un mes de cumplir los 38 años y dijo “está demostrado que se puede”, y señaló que espera que alguien tome la posta. Por lo que la respuesta no tardó en llegar de parte de Nole: “te tomo la palabra”, dijo el campeón.
Si eso es así, el tenis internacional tiene muchos motivos para confirmar que es el deporte más atractivo del mundo, más competitivo y casi inigualable en materia de oportunidades, aun, a edades maduras. Enhorabuena. El rey Federer ya tiene su heredero.