Metodología fascista como práctica

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El ataque bajo la metodología del escrache sufrido ayer por el Secretario de Hacienda de la Municipalidad de General Pueyrredon, Hernán Mourelle, no hace más que correr del eje de la discusión el tema de fondo: si está bien o mal que los docentes municipales deban devolver dinero mal cobrado porque fue mal reclamado.
Las condiciones del abordaje son aun peores. Después de toda una mañana de protestas en la ventana de su despacho que da a calle San Martín, con ruidosos reclamos, lo siguieron hasta un taxi unos cien metros insultándolo y al borde de los empujones y la violencia física. Quienes ejercían ese cuasi linchamiento público mediatizado eran maestras que están al frente de las aulas de las escuelas municipales. Lo cual abre un debate posterior, que tiene que ver con la aptitud de esas personas para la enseñanza a los niños.
La cuestión de madres, es un reclamo llevado ante la justicia por los maestros, a los que la comuna dejó de pagarles las bonificaciones que no correspondían a la carga horaria salarial. Un juez en lo contencioso y administrativo les dio la razón en primera instancia y la Municipalidad apeló esa decisión, al tiempo que pagó para no caer en desobediencia. Pero pocos días después la Cámara reconoció el reclamo municipal y la Suprema Corte de Justicia también, lo que habilitó al recupero de esos haberes que no debieron pagarse, por la vía del descuento.
Es una situación dura para los maestros. Sí. Pero eso no habilita a que lleven adelante una conducta impropia de la integridad de sus saberes y conocimientos, que tienen que aplicar en las aulas. El escrache como tal es una metodología fascista utilizada en el siglo XX en la Alemania nazi para defenestrar toda idea opuesta al régimen.
Hoy, casi un siglo después, aplicar esa intolerancia es una muestra de retroceso que la sociedad marplatense no se puede permitir.