Marcha atrás: aborto, liberalización del consumo de drogas y el niño que se quema

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Diversos estados de los Estados Unidos están planteando modificaciones a las leyes que permiten y avalaban el aborto en sus territorios. En algunos casos ya realizaron cambios de forma, en otros van con modificaciones muy profundas.

Ahora, empieza a primar el concepto de que si la tecnología detecta latidos del feto, lo que indicaría que está funcionando el corazón, pues entonces hay vida. Y si hay vida, abortar es sinónimo de muerte.

Claro que este cambio de paradigma se da en un contexto donde no será sencillo imponer esa modificación. Para ello deberá el tema llegar a la Corte Suprema de Justicia norteamericana. Aunque ahí, con una mayoría conservadora en su composición, las especulaciones son que podría materializarse aquellas posturas de quienes impulsan los cambios.

Se dice, desde el universo político norteamericano y se replica en todas partes, que se trata de una cuestión estrictamente ideológica. Pero no desconoce, ese mismo universo norteamericano, la acción de la Open Society Foundations, de George Soros, a la que señalan como artífice de la financiación de la ideologización del debate abortista. Del otro lado, claro está, se encuentran los sectores religiosos y conservadores de la sociedad estadounidense, que juntos son fuertes en lo político y económico.

Más allá de todo esto, que sucede a más de doce mil kilómetros de distancia, un dato relevante: la marcha atrás en lo que para muchos fue, en algún momento, un avance. Hoy en día, en Estados Unidos, parece entenderse todo lo contrario.

Algo similar a lo que ocurre en Europa con aquellos países que durante la década de noventa legalizaron el consumo de drogas. Por caso, Islandia, donde volvió a la prohibición luego de comprobar que no era favorable para su gente, en especial para los jóvenes, y lo demostraron con datos de estudios científicos. Tras los cambios, Islandia logró una juventud más comprometida con el desarrollo de su país que lo que estaba antes, cuando el consumo de drogas era libre y despenalizado.

Las sociedades maduran, claro está, al calor de las comprobaciones de errores o confirmaciones de aciertos. El punto es que esas sociedades demuestran tener la capacidad para enmendar sus propios desaciertos. La pregunta es, si observando lo que es corregido por equivocado e infructuoso, vale la pena intentarlo en otras sociedades del planeta, como en Argentina.

Como cuando los adultos le dicen al niño “no toques aquello que está caliente, porque te vas a quemar”, y el niño, para probar que eso es así, lo toca y se quema. ¿Vale la figura? Sólo para reflexionar.

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