Hay encuestas, la intolerancia y la necesidad de una victoria por nocaut

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Para una sociedad de tan baja tolerancia por el otro y de sus diferencias a pesar de que se proclama amplia y abierta para con las minorías de todo tipo, la polarización política que se está dando desde hace varios años en el país conspira directamente con la posibilidad de desarrollo de cualquier gobierno elegido democráticamente.

Es falso aquello de que “los gobiernos no pueden lograr cambios porque no saben hacer política”. En realidad, los gobiernos no pueden porque los que pierden, en su rol de opositores, hacen de la política un coto de caza terrible. Ejercen desde allí un fuerte poderío que los lleva a operar de manera constante para obstruir el éxito de quien haya ganado. Aun cuando la resultante de todo eso sea el atraso, la imposibilidad de desarrollo nacional y hasta el estancamiento con pobreza para millones de personas.

Hoy, tenemos una encuesta para dar a conocer que nos vuelve a colocar -a los argentinos- en la grieta: según Synopsis, y en un seguro ballotage, Mauricio Macri obtendría el 50,7 por ciento de los votos contra el 49,3% que lograría Alberto Fernández. En ese resultado, juegan un papel importante los indecisos, que se inclinan a favor del Presidente.

Otra encuesta, de Jorge Giaccobe, marca otro elemento importante: existe un 15% de los encuestados que “no quiere que el peronismo vuelva al poder” (sic), dicho por el propio encuestador en análisis de sus datos. Y en ese esquema, ese electorado estaría dispuesto a soportar que durante estos últimos años no le haya ido tan bien en la cuestión económica como esperaba, pero valora mucho más el cambio en materia de decencia con respecto a la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, ahora pre candidata a vice presidenta con AF.

Dos cosas, hoy, son reales: la primera, es que estas encuestas reflejan una foto. La de este momento, que es distinto de lo que pasaba hace un mes, donde el kirchnerismo parecía posicionarse mejor que Cambiemos de cara a las elecciones. Eso se va modificando. Y la segunda cuestión es que la sociedad argentina, joven a la democracia con apenas 36 años de ejercicio de la misma, sigue siendo profundamente intolerante y apática a acatar resultados y nuevas mayorías. Y eso puede ser un problema en materia de reconocimiento del comicio. Una elección cerrada, como se viene planteando en los datos de los consultores, puede ser un riesgo importante para el sistema democrático en su conjunto. Por eso, que el que gane y por todos los argentinos, que el que se imponga lo haga ampliamente, por nocaut.