Maldito rebote (y malditos formadores de precios)

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Tras los intentos del gobierno por bajar la inflación, marzo mostró otro pico importante. El fue del 4,7% y fijó a los últimos 12 meses en un 54,7%.

Otro sacudón importante, más que nada al ánimo. Porque el bolsillo ya lo venía sintiendo. La confirmación de que la inflación de marzo fue elevada termina por desmantelar las expectativas -algunas que quedaban- acerca del cierre de un primer trimestre menos relevante en materia de precios que el del año pasado.
No fue así porque el dólar tuvo en el mes picos de actualización que no se habían registrado un año atrás. Eso generó un desplazamiento inmediato de los precios a manos de los empresarios sobre los alimentos, favorecidos por los valores internacionales de las materias primas de exportación. Y otro empujón al precio de los combustibles.
Con ese cóctel explosivo de precios altos y demanda contundente sobre el dólar, nada podía salir bien. Y efectivamente no salió bien: la inflación se ubicó en el punto menos soñado para este momento del año: un 4,7% que se traduce en casi 55 por ciento anualizado.
¿Se puede analizar punto por punto cuales fueron los sectores que más estuvieron impactados? Claro que se puede, pero no tiene sentido hacerlo. Porque el sacudón fuerte se siente de manera colectiva. La falta de leches de precios bajos en los supermercados, la suba en las proteínas animales como las carnes -aumentaron los cortes vacunos pero acompañaron los sustitutos como el pollo, el cerdo y el pescado- y el incremento en las harinas fueron los productos de la canasta básica que hicieron punta.
Mañana, el Presidente Mauricio Macri hará anuncios de Precios Cuidados. Se espera que los empresarios acompañen el diseño que desde la Casa Rosada le quieren dar a las medidas. Es decir, que cumplan con los precios por seis meses y que se comprometan a abastecer los stocks de los supermercados.
Sin esas dos cosas, todo intento por controlar de manera razonable los precios caerá en saco roto. Y la culpa ya no será de quienes gobiernan formalmente, sino de quienes pretenden hacerlo de manera real pero escondidos detrás de los pliegues del poder, fijando precios, manipulando el dólar y jugando fuerte a un clima de incertidumbre persistente hasta las elecciones de octubre.