Silencio y omertá

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Con ruido o sin ruido. Las dos opciones están abiertas.

Con ruido puede ser una manifestación de colectivos en la esquina del palacio municipal, sobre el mediodía, tocando bocinas, con sindicalistas tirando bombas y amenazando romper todo. Sin ruido, puede entenderse como si de manera expeditiva el Concejo Deliberante aprueba el aumento del boleto en la primera oportunidad que tenga, una vez iniciada la sesión en el pleno del cuerpo. De todas maneras lo más probable es que se termine aprobando. Con ruido o sin ruido.

Tal como están las cosas, la presión que ejercen desde la Unión Tranviarios Automotor para el aumento del boleto siempre es determinante y juega a favor de los empresarios.

Cuando estos necesitan el incremento de la tarifa se apoyan en la “pata gremial” de la empresa y, paro mediante con manifestación posterior, el aumento termina saliendo. Es fácil. Nada complejo para un sistema que opera así desde hace décadas.

Hasta las 6:00 de hoy los colectivos cumplieron la tercera jornada de paro del servicio nocturno. El que más afecta a los ciudadanos que trabajan en horas de la noche, o a las personas que deben salir de urgencia para buscar la atención médica. Nada de eso importan a la hora de reclamar.

La Municipalidad tiene la facultad para tomar medidas reales y concretas sobre las empresas, que suspenden la prestación de un servicio público. Lo que no tiene son agallas para hacerlo. O le sobran compromisos contraídos con anterioridad o durante la gestión para decidir no aplicar las sanciones correspondientes.

A la vista de todos, el boleto de colectivo pasará de $ 13,55 a $18,81 pero será la primera escala de un intento por elevarlo a más de $24, que es el valor pretendido por los empresarios.

Los usuarios deberán resignarse a pagarlo. Mientras, ni los que dicen ser defensores del pueblo ni las entidades que se manifiestan como protectoras de los derechos de los usuarios y consumidores dicen nada al respecto. Silencio y omertá. Silencio. Y omertá.