Un crimen y un debate abierto

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El homicidio de un joven en la ciudad de Miramar, atacado por un adolescente que, de una trompada, inició el camino que desenlazaría en la muerte, abre nuevamente un debate social pendiente alrededor de la tipificación de un delito y su consecuente reparación ante los deudos, la sociedad y la Justicia.

La causa quedó caratulada como homicidio preterintencional, y por tratarse el autor de un menor de edad, la pena sería morigerada a tan solo 6 años de prisión.

La muerte de Ezequiel Lamas, oriundo de La Matanza y que estaba de vacaciones en Miramar, podría llegar a tener una reparación social de apenas seis años. Todo un dislate, cuanto menos.

Requiere la Argentina un debate profundo, serio y maduro acerca de la corrección del Código Penal. Y requiere la Provincia de Buenos Aires una adecuación urgente a la realidad. Estos casos de violencia no es que no ocurran en otros países, cómo muchas veces se escucha por ahí que “en otras partes del mundo esto no pasa”. No. En otras partes del mundo pasa, la diferencia es la condena que debe asumir aquel que comete un homicidio como el reciente.

A los 17 años, Ezequiel Lamas se vio privado de vivir. Sus sueños se truncaron. Sus derechos le fueron arrebatados de buenas a primeras. Su familia y sus amigos no tendrán más su compañía. Quién le explica a esas familias que ya no lo volverán a ver, y que el castigo mayor para quien lo mató será de apenas seis años, en el mejor de los casos.

A problemas modernos, soluciones modernas. Que la edad para imputar por un delito de estas características y se aplique una condena real y concreta aún sean los 18 años, a pesar de que ya desde los 16 se lo tipifica, es obsoleto. Se trata de un delito donde se atenta contra el primer derecho humano consagrado a favor de las personas, el más sagrado, su vida. Y así todo, el homicida recibiría solo seis años de condena por ser menor, entre otras cosas.

La “bolsonorizacion” de la política en la Argentina será inevitable, mientras el sistema judicial siga mirando para otro lado, y lo efectores de la sociedad (entidades intermedias, entre otros) no maduren una respuesta real a un problema real.